TRANScaribeñx (NARRATIVA) (Spanish Edition) by Yolanda Arroyo Pizarro

TRANScaribeñx (NARRATIVA) (Spanish Edition) by Yolanda Arroyo Pizarro

autor:Yolanda Arroyo Pizarro [Pizarro, Yolanda Arroyo]
La lengua: spa
Format: epub
editor: Egales
publicado: 2017-12-04T00:00:00+00:00


transformadxs

los niños morados

1

He llegado a la conclusión de que el morado es el color de los secretos. En la clase de Arte la maestra insiste en enseñarnos que los colores tienen significados. El rojo significa pasión. El blanco quiere decir pureza. El verde parece ser el color de la esperanza. Nadie habla del morado pero me lo encuentro tan a menudo, resaltado en las pieles, mejillas y rodillas de tantos compañeros de escuela a mi alrededor, que por mucho tiempo me preguntaba qué significaría. Hoy lo sé.

En 1969 Ricardo Santos y yo no somos amigos. Nos detestamos mutuamente. En cada oportunidad que se me cruza, lanzo al piso su libreta escolar en mitad de la clase. Ricardo me imita y hace lo mismo con la mía. Si la circunstancia lo permite, rompo todo posible lápiz que le pertenece. Entonces Ricardo hace lo propio con mis crayones. Hasta derramo el vaso de leche que viene incluido en su merienda, mientras él lo hace sobre mi pedazo de pan con pasas.

Participo de la primera y segunda golpiza que le damos varios estudiantes en uno de los rincones de la escuela. Yo sabía que a Ricardo le decían mujercita, pero no ha sido por eso que accedí a golpearlo. Lo hice porque desde siempre él me ha retado al estilo de ojo por ojo, diente por diente. Si yo parto a la mitad su papel de argolla, él hace exactamente lo mismo conmigo. Si yo rasgo la camisa de su uniforme, él lo intenta o al menos agujerea mi falda cuadriculada. Si yo le pongo el pie para que tropiece mientras él pasea a la hora del recreo, Ricardo me espera discreto en el pasillo hacia la biblioteca y allá me hace caer. Como no parece temer a nada de lo que yo le hago, entonces me uno al grupete de la paliza.

Entre los golpeadores están los gemelos del bolitero, el Cano, hijo del barbero y también el hijastro del capitán de las lanchas de Cataño, un chico que se la pasa lleno de moretones en piernas y brazos. Cuando accidentalmente los escucho mientras planifican la tunda, les expreso que deseo hacerme voluntaria. De buenas a primeras, el Cano me niega la entrada a la pandilla. Su argumento es el siguiente:

—Eres mujer y machúa. Tú deberías recibir la próxima tunda para que aprendas y te arregles.

Ante mi perplejidad, los demás protestan. Alegan que sería ventajoso usarme precisamente porque soy hombruna, fortachona y lanzada. Miguel advierte que, en mitad de una travesía hacia el Viejo San Juan, su padrastro le ha pedido que tenga cuidado conmigo ya que las mujerotas como yo dan fuertes golpes por tener más hormonas masculinas. El gemelo Pedro pregunta que qué coño son las hormonas, pero ninguno hace caso y continúa la cháchara grupal mientras me tildan de fornida, barbuda y marimacha. Todavía estoy sin reaccionar, boquiabierta y sin saber qué decir, cuando el otro gemelo, Andrés, exclama:

—Pero es gorda y tiene músculos. Nos convendría tenerla en el club por eso mismo, para que dé grandes marronazos.



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